lunes, 3 de diciembre de 2012

Grandes Pesadillas, Grandes Sueños - Parte 3

Pero en todo lo que ocurre hay una parte buena y una mala. La buena era evidente, pero la mala era que confirmar que formaría parte del equipo paralímpico también confirmaría que nunca más podría andar.

Lucía, al enterarse, no le dio demasiada importancia, puesto que ya lo tenía asumido. Además, había decidido empezar una nueva vida, una vida desde cero, y su nueva vida estaba formada sobre una silla de ruedas. Y aún así, dentro de las malas tenía demasiada suerte, pues muchas personas sueñan con llegar a ser grandes profesionales, y pocas lo consiguen.

Al final  la noticia se consolidó, y Lucía y Hugo se mudaron a Madrid.

Lucía entrenaba muchas horas al día, y Hugo se encargaba mientras de la casa, de organizar toda la mudanza y todas esas cosas. Además, intentaba encontrar trabajo allí en Madrid, pero si no lo conseguía, no le importaba mucho. Por fin Lucía volvía a ser feliz como lo era antes, y Hugo se sentía muy feliz por ella.

En dos semanas, los dos se hubieron adaptado a su nueva vida. Ahora les había tocado una época bonita, donde viajarían a muchos países debido a los campeonatos, y así poder conocer el mundo.

Un fin de semana, mientras Lucía estaba en la piscina entrenando, Hugo preparó la casa para darle una sorpresa a su chica.

Cena, velas, pétalos de rosas sobre el suelo y un gran ramo de rosas en las manos de su novio fue lo que se encontró Lucía al llegar a casa.

Durante la cena, ambos estuvieron muy cariñosos. El cambio había sido muy difícil, todo lo que les había pasado en los últimos meses había sido desgraciado pero afortunado a la vez. Y ambos celebraban el poder ser felices en el instante.

Mientras Lucía tomaba un rico pastel de chocolate de postre, Hugo sacó un tema que hasta aquel día no se había tocado. El día del accidente. Ese día ellos se iban a casar, y no pudieron hacerlo. Al escuchar aquello, los ojos de Lucía empezaron a llenarse de lágrimas, pero entonces Hugo le dio un gran abrazo, y le volvió a pedir matrimonio.

A Lucía se le iluminó la cara. ¡Pues claro que quería casarse con él!

Las siguientes semanas transcurrieron normales para Lucía, con entrenamientos durante la mañana y la tarde, mientras que para Hugo fueron muy ajetreadas. Se encargó de volver a preparar la boda, y organizarlo todo para volver a su ciudad, casarse, y después irse a un gran campeonato que tenía Lucía. Fue un mes duró para Hugo, pues tuvo que prepararlo todo muy rápido, pero sabía que todo aquello merecería la pena.

Pasaron varias semanas más, y el día se iba acercando. Hugo y Lucía viajaron hasta su ciudad, y esperaron a que llegase el día.

Ahora si que sí. Ahora sí que había llegado el gran día. Pero este iba a ser un poco diferente.

Lucía y Hugo se despertaron en la misma cama. Hugo se levantó, se puso su camisa blanca, su traje y se sentó en la cama para que, como de costumbre, Lucía le hiciese el nudo de la corbata. Más tarde, Lucía comenzó a vestirse. Pero esta vez no llevaba un vestido blanco y hermoso. No. Llevaba un sencillito vestido de color canela por encima de las rodillas , que dejaban al descubierto sus preciosas piernas.

Una vez los dos vestidos, bajaron hasta el portal, y se montaron en el coche donde los esperaba el hermano de Hugo. Los dos juntos. Esta vez, por nada del mundo se separarían. Al llegar a la Iglesia no había nadie, y ese era el plan. Hugo y su hermano ayudaron a Lucía a prepararse para la gran sorpresa del día. 

Cuando ya tan solo quedaba media hora para que comenzase la boda, todo estaba preparado. Hugo salió a la puerta para recibir a todos los invitados, y Lucía esperaba dentro sentada en un banco y bastante nerviosa.

El tiempo pasaba deprisa, y cada vez quedaba menos para el gran momento. Cinco minutos y comenzaría la ceremonia.

Hugo se situó en el altar, y miraba hacia el fondo del pasillo, al igual que todo el mundo. Todos esperaban a que Lucía entrase sentada en su silla de ruedas. Pero no fue así.

Agarrada del brazo de su padre, Lucía recorrió el pasillo hasta el altar andando. Supuso un gran esfuerzo para ella, pues le colocaron unos hierros para que pudiese hacerlo. Ella iba a casarse, y no por lo ocurrido las cosas iban a cambiar. Y quería que todo fuese igual, como si no hubiese pasado nada. Es verdad que sus vidas habían cambiado mucho desde aquel día, pero para ellos todo seguía siendo igual. El amor que había entre ellos no había cambiado, si no que se había enriquecido. Y a partir de aquel momento si que era hasta la muerte. Iban a ser uña y carne , y estar juntos en todos los lugares. Nunca más se separarían el uno del otro.

Llegó el momento más deseado. Hugo dio el “sí quiero”. Lucía dio el “sí quiero”. Y se prometieron que a partir de ese momento hasta la eternidad, y que serían felices para siempre.


Al cabo de unos años, Lucía se convirtió en una gran nadadora y consiguió medallas a nivel mundial. A nivel personal, cada año que pasaba, eran más felices. Y esa felicidad se hizo mucho mayor cuando pudieron aumentar su familia con un pequeño Dani.


“La vida se puede presentar de mejor o peor manera, pero siempre irá encaminada según como nosotros queramos afrontarla. Los grandes obstáculos, por muy grandes que sean, con fuerza y valentía siempre los podremos superar.”


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Aquí se acaba el primer relato corto que he escrito. Os doy las gracias a todos los que le dedicáis un ratito de vuestro tiempo en leer las historias, frases y reflexiones que escribo. Por último me gustaría que me diéseis vuestra opinión sobre lo que escribo: si creéis que está bien o si sinceramente me aconsejais que deje de malgastar mi tiempo escribiendo .. porque no se me da bien. Gracias por vuestra colaboración y un saludo a todos! (:
 

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