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Mientras tanto, su prometido, Hugo, corría por el parque
donde le pidió matrimonio a Lucía. Le encantaba aquel parque, le traía muchos
recuerdos. Desde que tenía tres años había corrido por allí, y le parecía el
mejor lugar para pedirle matrimonio a su chica. Siempre había soñado con ese
momento, y por fin se cumplió. Al llegar a casa de su hermano se tomó un café, se dio una
ducha de agua fría y se sentó un rato a hablar con su hermano. Sería su última
conversación como soltero.
Ya solo faltaban dos horas para la boda, a si que Hugo
empezó a vestirse. Camisa blanca, traje negro, y zapatos. - Anda, ven aquí que te anude la corbata – le llamaba su padre.
Y es que para eso era un desastre. Con 27 años y todavía no había aprendido a hacerse los nudos de la corbata … Pero Hugo lo prefería así. Le encantaba el que todas las mañanas, antes de ir a trabajar, Lucía le hiciese el nudo. Después un largo y sentido beso. Después un gran abrazo, y por último más besos, pero más cortitos. Sencillamente era perfecta, y no veía el momento de salir de la Iglesia cogidos de la mano.
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- Estás preciosa
- le decía Eva a su hija una y otra vez mientras que la abrazaba.
Y era la verdad, estaba estupenda con aquel vestido. Y sus
ojos daban el toque final al conjunto. Esos ojos verdes vidriosos y
emocionados. Lo que le iba a pasar ese día era muy grande, y sabía que nunca lo
olvidaría.
“ Pi- pi – pi” , sonaba el telefonillo.
- Vamos Hugo, que
ya ha llegado el primo Dani a recogernos – le dijo su hermano.
Hugo cogió su móvil, las llaves de su casa, las alianzas, un
pañuelo y salió por la
puerta. El camino hasta la Iglesia fue el más largo de su
vida. Entonces empezó a ponerse nervioso. Las manos le sudaban, y ya no sabía a
dónde mirar. Su hermano lo miraba y se reía. La verdad es que nunca lo había
visto tan nervioso, pero lo comprendía.
- Tranquilo, que ya
llegamos – le dijo dándole un achuchón.
Por fin el coche se paró. Hugo salió del coche, y vio toda
la gente que había allí. Solo faltaba una persona, le faltaba Ella.
-
Hija mía, ¿pero qué te queda? – preguntaba Eva ansiosa.
¡Qué ya son las una!
-
Bueno mamá … las novias siempre llegamos tarde … -
decía Lucía excusándose.
-
Si, está bien, pero cinco minutos, ¡ no media hora!
-
Vale
vale , ya salgo – dijo Lucía asomando por la puerta,
Su madre y sus hermanas se quedaron sorprendidas. Estaba
preciosa, y se merecía estarlo. Bajaron al portal y allí les esperaba un
precioso coche blanco. Lucía se subió, y su madre y sus hermanas se montaron en
un coche rojo que se adelantó.
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Hugo, ya en la Iglesia, se ponía cada vez más nervioso, pues
se estaba retardando ya demasiado. Entonces vio llegar a sus hermanas. Se
acercó corriendo a ellas y les preguntó por su prometida. Estas le contestaron
que estaría a punto de llegar, que habían salido justo detrás de ellas.
El tiempo pasaba y pasa, y Lucía no aparecía. La gente se
empezaba a impacientar, y Hugo cada vez se ponía más nervioso. Ya eran las una
y media, y todavía no había aparecido. Ya desesperado la llamó, pero no le cogió
el teléfono. Después llamó al padre de Lucía, que era el que conducía el coche,
pero tampoco contestaba.
Pero entonces el móvil de Hugo comenzó a sonar. Lo cogió
nervioso, y empezó a decir desesperadamente el nombre de su chica, casi
gritando.
-
Perdone, pero no soy Lucía.¿Es usted familiar suyo? –
respondió una voz al otro lado del teléfono.
-
Si bueno, soy su prometido, hoy nos íbamos a casar. En
este mismo momento deberíamos de estar haciéndolo, pero no aparece. ¿Usted sabe
dónde está? – preguntó inquieto Hugo.
-
Por desgracia sí. Siento decírselo, pero le llamo desde
el hospital. Su futura esposa ha tenido un accidente.
Hugo se quedó parado. No podía creérselo. No era capaz de
reaccionar ante aquella inesperada noticia.
-
Pe ..pe .. pero , ¿está bien? – preguntó asustado.
-
No puedo darle más información. Véngase para acá y le
darán más información. Lo siento mucho de verdad.
Colgaron el teléfono. Hugo se puso muy mal. Las lágrimas
corrían por su rostro. Él no se merecía aquello. No aquel día. No era justo. No
podía ser real.
Le contó la noticia a la madre y las hermanas de Lucía, y
junto con su hermano, se montaron en un coche y se fueron directos para el
hospital.
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