Al escuchar aquello, a Hugo se le vino el mundo encima. No
era posible que hubiese pasado aquel día. El día más grande de sus vidas, el
que los uniría hasta la muerte se había convertido en uno de los peores. Pero
el nunca la dejaría sola. Estaría a su lado siempre, pasase lo que pasase, y en
ese momento más que nunca. Intentó tranquilizarse, y al cabo de un rato pudo
entrar a la habitación a verla. Lucía, al ver a Hugo entrar por la puerta, se
echó a llorar. Por un momento creyó que no lo podría volver a ver. Pero por
suerte estaba ahí. Hugo la abrazó, y le dio un largo beso. Le prometió que
casados o no , nunca la dejaría sola.
Después de un rato de abrazos, besos y llantos, entró el
resto de la familia para verla.
Aparentemente no parecía estar mal, excepto un par de heridas, pero en el fondo Lucía estaba destrozada. La idea de no poder volver a andar
Al cabo de unas horas apareció el médico con los resultados
de las pruebas, y las noticias no eran buenas. No se habían equivocado con el
diagnóstico. Lo más seguro es que Lucía no pudiese volver a andar nunca más.
Entonces empezó a llorar desconsoladamente. ¿Entonces a qué
se dedicaría ahora? Ella, que era tan inquieta, siempre de un lado para otro. Y
ahora esto, y el día de su boda …. Todo parecía una pesadilla , y lo único que
esperaba era despertarse, y darse cuenta de que todo había sido un sueño.
Pero entonces volvió a la realidad, y sabía que nada de eso
ocurriría, y que la silla de ruedas que ahora se encontraba en la esquina de la
habitación sería su acompañante para el resto de su vida.
Hugo se dio cuenta que ella estaba realmente mal, a si que
pidió que los dejaran solos en la habitación. Entonces
se puso a consolarla, y le prometió que lo que había pasado no cambiaría nada
de sus vidas … Pero claro, los dos sabían que aquello, lo quisieran o no, era
mentira, y que a partir de aquello todo sería distinto.
Al principio todo iba a ser demasiado difícil, pero al fin y
al cabo todo era acostumbrarse. Le llevaría su tiempo, pero seguro que con su
novio al lado todo sería mucho más fácil.
Hugo y Lucía volvieron a la casa que compartían. Lucía se
empezaba a sentir muy impotente. Todo era nuevo. No podía cocinar, pues la
encimera le quedaba grande, el pasillo estrecho, y en el baño nada le quedaba a
medida. Todo lo veía muy difícil, todo era complicado. Pero era lo que le había
tocado, y solo le quedaba acostumbrarse a su nueva vida.
Pasados varios meses, Lucía y Hugo volvieron al médico para hacer una nueva revisión. Pero nada había cambiado, todo seguía igual. Aunque ya el día a día no era tan duro, poco a poco se iba acostumbrando. Además le recomendaron que hiciese ejercicios en la piscina, pues quizás eso podría provocar una pequeña mejora.
Lucía se lo planteó, y aceptó. El agua no era una cosa que
le hubiese llamado mucho la atención, pero viendo la situación en la que se encontraba, suponía
que no tenía otra cosa mejor que hacer.
Al salir del médico se acercaron a un gimnasio que no se
encontraba muy lejos de su casa, a informarse sobre las actividades que podría
realizar, los horarios y los precios.
Finalmente decidió apuntarse a unas clases diarias de 2
horas por la mañana, que le salían bastante bien de precio.
Poco a poco le iba gustando más aquello de la natación, y
era algo que se había convertido en una gran motivación. Ya no iba solo dos
horas al día. Ahora pasaba allí casi la mañana entera, desde que llegaba a las
diez y media u once hasta que Hugo pasaba a recogerla. Y por la tarde, iba otro
ratito. Cada día se le daba mejor.
Un día decidieron reunirse con ella, y darle la gran noticia
de una proposición que les había llegado de la selección española paralímpica
de natación. Al parecer se habían estado fijando en ella durante esos meses
atrás, y habían visto en ella bastantes cualidades, además de su mejora diaria
en cada entrenamiento. A Lucía no le pareció mala idea, pero de todas maneras
le habían dado varios días para pensárselo.
Cuando Hugo llegó a por ella, esta lo recibió muy feliz, y
le dijo que preparase una gran cena para esa noche, puesto que tenía una gran
noticia para darle.
Hugo le hizo caso, y se pasó la tarde cocinando la mejor
cena que se le ocurrió, con un gran postre, además de champán y un par de velas
en la mesa.
Al comienzo de esta, todo estaba tranquilo, y mantenían una
conversación normal, sobre como habían transcurrido sus respectivos días. Pero
entonces Lucía no pudo aguantar más y se lo soltó todo del tirón. Al enterarse
de la noticia, Hugo no sabía como reaccionar. Era una buenísima noticia, se
alegraba muchísimo por ella, y lo único
que aceptaría es que ella aceptase la proposición, aunque eso le conllevase
tener que dejar su trabajo, mudarse de ciudad. Pero por ella lo que hiciese
falta, y ahora que se había presentado esa oportunidad, más todavía.
Al día siguiente, Hugo la acompaño a la piscina, y fueron a
hablar con los entrenadores. El próximo fin de semana los dos viajarían a
Madrid, y estarían allí varios días, hablando con toda la directiva de la
selección, y realizando pruebas, etc, y si la noticia se confirmaba en menos de
un mes, los dos se mudarían a Madrid, y Lucía empezaría con entrenamientos más
serios, puesto que formaría parte del equipo paralímpico.
Había logrado algo muy grande, algo que jamás hubiese
imaginado. Todo había sido muy duro en los últimos meses, pero por fin una
noticia buena. Una nueva noticia que le volvería a cambiar la vida.