lunes, 26 de noviembre de 2012

Grandes Pesadillas, Grandes Sueños - Parte 2

Al llegar allí, las noticias no fueron buenas. Vieron al padre de Lucía, y este estaba relativamente bien. Un par de herida y el brazo roto. Pero el golpe de Lucía había sido mucho más fuerte de lo que se esperaba al principio. Se había dado un gran golpe en la medula, y sus nervios estaban dañados. Lo más probable es que no pudiese volver a andar.

Al escuchar aquello, a Hugo se le vino el mundo encima. No era posible que hubiese pasado aquel día. El día más grande de sus vidas, el que los uniría hasta la muerte se había convertido en uno de los peores. Pero el nunca la dejaría sola. Estaría a su lado siempre, pasase lo que pasase, y en ese momento más que nunca. Intentó tranquilizarse, y al cabo de un rato pudo entrar a la habitación a verla. Lucía, al ver a Hugo entrar por la puerta, se echó a llorar. Por un momento creyó que no lo podría volver a ver. Pero por suerte estaba ahí. Hugo la abrazó, y le dio un largo beso. Le prometió que casados o no , nunca la dejaría sola.

Después de un rato de abrazos, besos y llantos, entró el resto de la familia para verla.

Aparentemente no parecía estar mal, excepto un par de heridas, pero en el fondo Lucía estaba destrozada. La idea de no poder volver a andar la mataba. Todavía no estaba confirmado, pero era lo más probable, aunque como se suele decir, la esperanza es lo último que se pierde.

Al cabo de unas horas apareció el médico con los resultados de las pruebas, y las noticias no eran buenas. No se habían equivocado con el diagnóstico. Lo más seguro es que Lucía no pudiese volver a andar nunca más.

Entonces empezó a llorar desconsoladamente. ¿Entonces a qué se dedicaría ahora? Ella, que era tan inquieta, siempre de un lado para otro. Y ahora esto, y el día de su boda …. Todo parecía una pesadilla , y lo único que esperaba era despertarse, y darse cuenta de que todo había sido un sueño.
 
Pero entonces volvió a la realidad, y sabía que nada de eso ocurriría, y que la silla de ruedas que ahora se encontraba en la esquina de la habitación sería su acompañante para el resto de su vida.

Hugo se dio cuenta que ella estaba realmente mal, a si que pidió que los dejaran solos en la habitación. Entonces se puso a consolarla, y le prometió que lo que había pasado no cambiaría nada de sus vidas … Pero claro, los dos sabían que aquello, lo quisieran o no, era mentira, y que a partir de aquello todo sería distinto.

Al principio todo iba a ser demasiado difícil, pero al fin y al cabo todo era acostumbrarse. Le llevaría su tiempo, pero seguro que con su novio al lado todo sería mucho más fácil.

Hugo y Lucía volvieron a la casa que compartían. Lucía se empezaba a sentir muy impotente. Todo era nuevo. No podía cocinar, pues la encimera le quedaba grande, el pasillo estrecho, y en el baño nada le quedaba a medida. Todo lo veía muy difícil, todo era complicado. Pero era lo que le había tocado, y solo le quedaba acostumbrarse a su nueva vida.

Pasados varios meses, Lucía y Hugo volvieron al médico para hacer una nueva revisión. Pero nada había cambiado, todo seguía igual. Aunque ya el día a día no era tan duro, poco a poco se iba acostumbrando. Además le recomendaron que hiciese ejercicios en la piscina, pues quizás eso podría provocar una pequeña mejora.

Lucía se lo planteó, y aceptó. El agua no era una cosa que le hubiese llamado mucho la atención, pero viendo la  situación en la que se encontraba, suponía que no tenía otra cosa mejor que hacer.

Al salir del médico se acercaron a un gimnasio que no se encontraba muy lejos de su casa, a informarse sobre las actividades que podría realizar, los horarios y los precios.
Finalmente decidió apuntarse a unas clases diarias de 2 horas por la mañana, que le salían bastante bien de precio.

 
Pasaban los meses, y Hugo y Lucía se seguían queriendo como el primer día. Hugo iba todos los días al trabajo, y antes de salir, Lucía le seguía haciendo el nudo de la corbata. Después, tranquilamente, Lucía desayunaba, y después se iba a sus clases de natación.

Poco a poco le iba gustando más aquello de la natación, y era algo que se había convertido en una gran motivación. Ya no iba solo dos horas al día. Ahora pasaba allí casi la mañana entera, desde que llegaba a las diez y media u once hasta que Hugo pasaba a recogerla. Y por la tarde, iba otro ratito. Cada día se le daba mejor.

Un día decidieron reunirse con ella, y darle la gran noticia de una proposición que les había llegado de la selección española paralímpica de natación. Al parecer se habían estado fijando en ella durante esos meses atrás, y habían visto en ella bastantes cualidades, además de su mejora diaria en cada entrenamiento. A Lucía no le pareció mala idea, pero de todas maneras le habían dado varios días para pensárselo.

Cuando Hugo llegó a por ella, esta lo recibió muy feliz, y le dijo que preparase una gran cena para esa noche, puesto que tenía una gran noticia para darle.

Hugo le hizo caso, y se pasó la tarde cocinando la mejor cena que se le ocurrió, con un gran postre, además de champán y un par de velas en la mesa.

Al comienzo de esta, todo estaba tranquilo, y mantenían una conversación normal, sobre como habían transcurrido sus respectivos días. Pero entonces Lucía no pudo aguantar más y se lo soltó todo del tirón. Al enterarse de la noticia, Hugo no sabía como reaccionar. Era una buenísima noticia, se alegraba muchísimo por ella, y  lo único que aceptaría es que ella aceptase la proposición, aunque eso le conllevase tener que dejar su trabajo, mudarse de ciudad. Pero por ella lo que hiciese falta, y ahora que se había presentado esa oportunidad, más todavía.

Al día siguiente, Hugo la acompaño a la piscina, y fueron a hablar con los entrenadores. El próximo fin de semana los dos viajarían a Madrid, y estarían allí varios días, hablando con toda la directiva de la selección, y realizando pruebas, etc, y si la noticia se confirmaba en menos de un mes, los dos se mudarían a Madrid, y Lucía empezaría con entrenamientos más serios, puesto que formaría parte del equipo paralímpico.
 
Había logrado algo muy grande, algo que jamás hubiese imaginado. Todo había sido muy duro en los últimos meses, pero por fin una noticia buena. Una nueva noticia que le volvería a cambiar la vida.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Capítulo 10

Un chico alto, rubio, de ojos verdes y muy guapo caminaba por los pasillos de la Universidad en busca de su nueva aula. Estaba despistado, pues  nunca había estado por allí, y encima no conocía a nadie que le pudiese ayudar. Se acercó entonces al tablón de anuncios y encontró un pequeño mapa de la distribución de las aulas. Por fin encontró la suya, se situó y se dispuso a ir a ella.

Mientras tanto, ya llegando a su universidad, y sin problemas por el camino, Mar parecía una loca agitando la cabeza de un lado para otro al ritmo de la música. Le encantaba escuchar música, bailar, cantar. Ojala fuera lo único que hiciese durante el día. Sus amigos del colegio sabían que era incapaz de parar. En los intercambios cantaba a la vez que agitaba su cuerpo, y durante las clases ... también lo hacía, solo que en su cabeza. Pero volviendo al mundo real, ya estaba dentro de la universidad. Ahora se dirigía camino de su aula. Miró el reloj y vio que todavía quedaban más de cinco minutos para que empezara la clase. Un logro para ella. Había llegado con tiempo , y encima sin perderse. Pero ella estaba feliz, y en su mundo. Seguía bailando, y le daba igual estar ya dentro de la universidad, y que la gente la mirase. Pero nada de eso le importaba, solo le importaba ser feliz y divertirse, y eso intentaba hacer. Pero entonces se chocó con alguien, después con la pared, y seguidamente se le cayó el móvil con los cascos al suelo.

     - Esto .. perdona mucho ... - decía el chico mientras se disculpaba.
     - No pasa nada - dijo ella recogiendo el móvil y comprobando que seguía funcionando con nomalidad.
     - Me llamo Jordan - se presentó él -. ¿Y tu eres ... ?
     - Yo soy Mar, encantada - dijo poniéndose de puntillas para poder darle dos besos - . Y bueno, me voy ya que si no no llego a clase. Supongo que ya nos veremos más veces por aquí - dijo a modo de despedida.
     - ¿A que aula vas? - le preguntó Jordan.
     - Pues a .... la 8, creo que esa - respondió Mar.
     - Entonces perfecto, yo también voy allí - le respondió el con una gran sonrisa.

Y juntos se encaminaron hacia la clase. A Mar le dio la impresión de que parecía un buen chico, y de momento, no se alejaría mucho de él.
Por su parte, Jordan estaba encantado de haber conocido a aquella chica. Era preciosa, muy simpática, y seguro que tendría 300 cosas maravillosas más. Con ella a su lado seguro que pasaría un curso estupendo.  


La mañana transcurría tranquila para las tres. Paula seguía conociendo a las que serían en un futuro sus amigas, o simplemente compañeras de clase. Cris escuchaba atentamente todas las historias divertidas que Beatriz le contaba sobre ella y su hermana gemela. Y Mar y Jordan se seguían conociendose: un café por aquí, una palmera por allá, una anécdota ... y por fin Jordan consiguió el teléfono de Mar, con la típica excusa de " por si tengo alguna duda de clase " .
Pero en otra parte de España, exactamente en Granada, las noticias no eran buenas. O sí.
Andrea, la hermana mayor de Cris, discutía fuertemente con su madre. ¿El motivo? ¡Ella no podía ser abuela tan jóven! Ambas empezaron a reír como nunca, y después se dieron un gran abrazo. La verdad es que era una buenísima noticia. Y ninguna de las dos veía el momento de contárselo al resto de la familia. Seguro que todos se alegrarían muchísimo, y un poco de alegría no vendría nada mal.
Pero entonces Andrea se empezó a acordar de su hermana pequeña, la tenía lejos, pero la quería muchísimo. Y lo único que le hacía falta para ser la persona más feliz del mundo era que ella estuviese a su lado en aquellos momentos tan felices, aunque sabía que eso no sería posible.
Se quedó pensativa, recordando todas las veces que ella le había dado de comer a su hermana pequeña, y no podía creerse que en poco tiempo le daría de comer a su hijo. El tiempo pasaba muy rápido, y más le valía aprovechar cada momento, porque antes de darse cuenta, estaría como su madre, y su hijo será el que le comunicará que su novia estará embarazada, y entonces la abuela sería ella. Pero no era el momento de pensar en todo eso. Se encontraba en una época feliz e importante para ella, y lo único que tenía que hacer era disfrutarla.
   - Andrea, pero entonces esto ... ¿¡significa que te casas!? - dijo su madre.               

Andrea se quedó pensativa. No tenía respuesta para aquella pregunta, pues la verdad es que nunca lo había pensado. Pero tampoco le hacía falta. La verdad es que para ella, aquello de casarse no significaba nada más que papeles. No por casarse, su novio la querría más, a si que no le importaba. Con su amor y con que se lo demostrase día a día tenía suficiente.

   - No mamá, no lo se la verdad, pero no lo creo - le respondió Andrea.
   - Bueno bueno, no importa , ¡que voy a tener un nieto! - seguía gritando su madre eufórica.

Las dos seguían dándose abrazos y besos, pues la felicidad que sentían en esos momentos no cabía en su cuerpo.


Ya había llegado la hora de comer y las chicas se sentaron en la mesa. Tenían la tele encendida, pero ni Paula ni Mar le prestaban atención , pues lo único que querían en aquel momento es que su amiga les contara la noche que había pasado con Ángel. La miraban intensamente, a ver si se daba cuenta y se lo contaba ya de una vez, pero Cris estaba en su mundo , pensando en sus cosas , y no se daba cuenta de nada. Hasta que Paula se hartó , y le tiró un cojín a la cara.
   - ¡¿Pero que haces loca?! - le gritó Cris enfadada.
   - Que haces tu, debería de ser la pregunta ... llevamos esperando este momento todo el día, y ahora que llega se te olvida a ti - decía Paula molesta.
   - Anda ... es verdad .. perdón ... se me había olvidado por completo ... - decía Cris.
   - Bueno vale, te perdonamos, pero empieza ¡YA! - exclamó entonces Mar.
   - Esta bien - aceptó Cris.

Cris y Paula habían terminado de comer y quitaban la mesa, y Mar, como siempre, seguía comiendo. Era muy lenta. Paula le metía prisa , para que Cris empezara a contar ya la historia, pero Mar sugirió que se sentaran las dos en el sofá tranquilamente y que Cris empezará a contar, que ella pegaría el oído y más tarde se uniría a la conversación. Y así fue. Cris empezó a contar la historia mientras que Mar acababa de comer y Paula escuchaba atentamente, pues no quería perderse ni un solo detalle.

Y entre una historia real pero sorprendentemente fantástica las chicas comenzaban una tarde llena de sorpresas.

Grandes Pesadillas, Grandes Sueños - Parte 1

Llegó el gran día. Lucía se despertó, y estaba  feliz, nerviosa y con los sentimientos a flor de piel. Por fin había llegado el día de su boda.  Se preparó un café para desayunar, junto con unas tostadas, y esperó a que llegasen su madre y sus hermanas para poder empezar a prepararse.

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Mientras tanto, su prometido, Hugo, corría por el parque donde le pidió matrimonio a Lucía. Le encantaba aquel parque, le traía muchos recuerdos. Desde que tenía tres años había corrido por allí, y le parecía el mejor lugar para pedirle matrimonio a su chica. Siempre había soñado con ese momento, y por fin se cumplió. Al llegar a casa de su hermano se tomó un café, se dio una ducha de agua fría y se sentó un rato a hablar con su hermano. Sería su última conversación como soltero.
Ya solo faltaban dos horas para la boda, a si que Hugo empezó a vestirse. Camisa blanca, traje negro, y zapatos.

   - Anda, ven aquí que te anude la corbata – le llamaba su padre.

Y es que para eso era un desastre. Con 27 años y todavía no había aprendido a hacerse los nudos de la corbata … Pero Hugo lo prefería así. Le encantaba el que todas las mañanas, antes de ir a trabajar, Lucía le hiciese el nudo. Después un largo y sentido beso. Después un gran abrazo, y por último más besos, pero más cortitos. Sencillamente era perfecta, y no veía el momento de salir de la Iglesia cogidos de la mano.

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   - Estás preciosa - le decía Eva a su hija una y otra vez mientras que la abrazaba.

Y era la verdad, estaba estupenda con aquel vestido. Y sus ojos daban el toque final al conjunto. Esos ojos verdes vidriosos y emocionados. Lo que le iba a pasar ese día era muy grande, y sabía que nunca lo olvidaría.

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“ Pi- pi – pi” , sonaba el telefonillo.

     - Vamos Hugo, que ya ha llegado el primo Dani a recogernos – le dijo su hermano.

Hugo cogió su móvil, las llaves de su casa, las alianzas, un pañuelo y salió por la puerta. El camino hasta la Iglesia fue el más largo de su vida. Entonces empezó a ponerse nervioso. Las manos le sudaban, y ya no sabía a dónde mirar. Su hermano lo miraba y se reía. La verdad es que nunca lo había visto tan nervioso, pero lo comprendía.

   - Tranquilo, que ya llegamos – le dijo dándole un achuchón.

Por fin el coche se paró. Hugo salió del coche, y vio toda la gente que había allí. Solo faltaba una persona, le faltaba Ella.

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-          Hija mía, ¿pero qué te queda? – preguntaba Eva ansiosa. ¡Qué ya son las una!

-          Bueno mamá … las novias siempre llegamos tarde … - decía Lucía excusándose.

-          Si, está bien, pero cinco minutos, ¡ no media hora!

-          Vale vale, ya salgo – dijo Lucía asomando por la puerta,

Su madre y sus hermanas se quedaron sorprendidas. Estaba preciosa, y se merecía estarlo. Bajaron al portal y allí les esperaba un precioso coche blanco. Lucía se subió, y su madre y sus hermanas se montaron en un coche rojo que se adelantó.
 
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Hugo, ya en la Iglesia, se ponía cada vez más nervioso, pues se estaba retardando ya demasiado. Entonces vio llegar a sus hermanas. Se acercó corriendo a ellas y les preguntó por su prometida. Estas le contestaron que estaría a punto de llegar, que habían salido justo detrás de ellas.

El tiempo pasaba y pasa, y Lucía no aparecía. La gente se empezaba a impacientar, y Hugo cada vez se ponía más nervioso. Ya eran las una y media, y todavía no había aparecido. Ya desesperado la llamó, pero no le cogió el teléfono. Después llamó al padre de Lucía, que era el que conducía el coche, pero tampoco contestaba.
 
Pero entonces el móvil de Hugo comenzó a sonar. Lo cogió nervioso, y empezó a decir desesperadamente el nombre de su chica, casi gritando.
-          Perdone, pero no soy Lucía.¿Es usted familiar suyo? – respondió una voz al otro lado del teléfono.
-          Si bueno, soy su prometido, hoy nos íbamos a casar. En este mismo momento deberíamos de estar haciéndolo, pero no aparece. ¿Usted sabe dónde está? – preguntó inquieto Hugo.
-          Por desgracia sí. Siento decírselo, pero le llamo desde el hospital. Su futura esposa ha tenido un accidente.
Hugo se quedó parado. No podía creérselo. No era capaz de reaccionar ante aquella inesperada noticia.
-          Pe ..pe .. pero , ¿está bien? – preguntó asustado.
-          No puedo darle más información. Véngase para acá y le darán más información. Lo siento mucho de verdad.
Colgaron el teléfono. Hugo se puso muy mal. Las lágrimas corrían por su rostro. Él no se merecía aquello. No aquel día. No era justo. No podía ser real.
Le contó la noticia a la madre y las hermanas de Lucía, y junto con su hermano, se montaron en un coche y se fueron directos para el hospital.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Día Lluvioso

He borrado de la película parte en la que se oye lo que digo. Es una pena que no pueda hacerse lo mismo en la vida. Despertarse, contemplar el día anterior y borrar todas la frases que sobran, todas las cosas que no se querían hacer, los errores. Y dejar solo los sueños, las emociones. Todo sería más bonito.